Castellano Actual

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Esta es una bitácora creada por un grupo de docentes del área de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura, expertos en temas relacionados con la gramática y ortografía castellana.

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¡Mamma mia!

Shirley J. Cortez González
Docente Universidad de Piura

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El léxico español, es decir, el conjunto de palabras que conforman nuestra lengua, es producto no solo de la transformación del latín vulgar, sino también de una serie de préstamos tomados de otras lenguas, con las que el español entró en contacto durante su evolución. Ya hemos hablado en otras ocasiones del influjo francés, del árabe, o del quechua; toca esta vez el turno a los italianos, cuya lengua también contribuyó a enriquecer la nuestra.

La huella italiana en el español no es reciente. Así, a fines del siglo XIV, por influencia de su literatura italiana, en las figuras de Dante, Petrarca, Bocaccio, se introdujeron en el español italianismos como soneto, belleza, novelar, bonanza, piloto, atacar, entre otros.

En el Siglo de Oro (XVI - XVII), producto de las relaciones políticas y culturales con Italia, entraron más italianismos de diversos ámbitos: del bélico: escopeta, parapeto, centinela, escolta; del náutico y comercial: fragata, galeaza, mesana, banca; del social: cortejar, festejar, martelo (enamoramiento), y de otros más: manejar, pedante, bagatela, capricho, balcón, fachada, diseño... En el español moderno del siglo XVIII, el influjo italiano empieza a decaer, aunque aún se introducirán algunos términos más, relacionados con el arte y la música: aria, partitura, romanza, libreto, batuta... o con otras esferas: ferroviario, analfabetismo, casino, fiasco, desfachatez, malaria, pantalón...

En América, la influencia italiana ha sido desigual. Entre 1880 y 1940, una fuerte inmigración italiana se asentó en la zona del Río de la Plata (Argentina y Uruguay) que trajo como consecuencia la introducción de numerosos préstamos en el español allí hablado. Los préstamos, sin embargo, estarán restringidos a la alimentación, la familia y la vida cotidiana.

El español de Perú no es ajeno a este influjo. A mediados del siglo XIX, en pleno auge del guano, llegan al Perú un buen grupo de inmigrantes italianos que se asentarán en la capital, atraídos por la prosperidad económica de entonces. Se calcula que para 1880 habían llegado más de diez mil; la mayor parte, procedente de Génova. El impacto de estos extranjeros en el Perú se dejó sentir, entre otros campos, en la horticultura, con la introducción de cultivos de acelgas, espinacas, coles, coliflores, brócoli, berenjenas, betarragas y albahacas, que pronto se empezaron a emplear en la cocina peruana.

De este modo, en el español de Perú encontramos italianismos, sobre todo en el ámbito culinario. Así, nuestros famosos "tallarines verdes" hunden sus raíces en el "pesto" italiano, salsa a base de albahaca a la que se le suele agregar queso fresco. El "minestrone" genovés, una sopa contundente aromatizada con albahaca, originó el popular "menestrón" peruano. Nombres de diversas pastas italianas han arraigado aquí, como tallarín, espaguetis, ravioli(s), canelón(es), sémola, cabellos de ángel, este calco del italiano capelli d' angelo. Otros alimentos de consumo internacional son también italianos: pizza (y su derivado pizzería), lasaña, risoto (plato de arroz), osobuco, brócoli; bebidas como el "capuchino", o café con leche, aunque no serían realmente equivalentes, pues el italiano trae más leche que café, se sirve en un vaso largo con asa y se decora con crema (o no) y canela molida.

En la vida social, el italiano dejó interjecciones, aunque de uso ya poco frecuente, como ¡eco!, para afirmar o mostrar aceptación, acuerdo, y su variante: "¡ecolecuá!" (conforme, exacto, eso mismo). Se conservan, con gran vigencia, las fórmulas ¡salud!, usada cuando alguien acaba de estornudar y como brindis, y ¡chau/chao! ("ciao"), que, aunque en español se usa solo como despedida, en italiano vale para también como saludo de encuentro.

Por último, son también italianismos: bacán, capo, corso, caporal, mafia, mafioso, tutti fruti o tuti fruti (que indica aroma o sabor a mixtura de frutas), tutilimundi (todo el mundo), sin olvidar el popularísimo "panetón" (de "panettone"), producto llegado al Perú desde Milán después de la Segunda Guerra Mundial, que en este mes navideño, sin duda, será infaltable en su mesa.

4 comentarios

Qué interesante la explicación que nos dan acerca del origen, una suerte de mestizaje, de las palabras que usamos en castellano. Aunque principalmente se refieren a las de origen italiano, es sabido que las hay de otras lenguas.

Sin que sea algo lingüístico o semántico, hago una observación a las líneas finales que se refieren al panetón.

Desde mucho antes, incluso bien antes de la primera Guerra Mundial, los primeros panetones vinieron de Génova, se trataba de un panetón no muy alto, denso y pesado. Conservo la receta manuscrita de mi bisabuelo, genovés, él, que para un quintal de harina pedía "medio de levadura" (medio, de medio real o sea cinco centavos). La tradición familiar nos cuenta, y hasta he visto el "baúl de alcanfor" en que se guardaban, que hacía panetones para convidar en las "pascuas" (de Navidad, de Reyes y de Resurrección). ¿Cuántos haría, no?

Quizá a comienzos de los sesenta del siglo XX, Motta introduce en Lima el panetón de Milán. Este, casi con los mismos ingredientes, pero con mucho menos masa consigue más de tres veces su volumen; éxito comercial que logró desplazar al panetón Genovés.

Sin alterar el origen del término "panetón" y sin saber cuándo llegó el primero de Génova, creo que así fue su historia.

Desde ahora, Felices Pascuas a ustedes, Castellano Actual, y a los que les escriben.

Es muy instructiva la nota sobre la influencia del italiano en el español. Pero cabe hacer dos correcciones mínimas: no se escribe “cappelli d’angelo” sino “capelli d’angelo”. La diferencia entre la primera y la segunda estriba en la doble “p” de aquella. La diferencia no es baladì porque determina nada menos que un cambio semántico. “Cappelli” significa “sombreros”; “capelli”, cabellos. Dicho sea de paso, la palabra “sombrero” está muy difundida en el italiano, con el significado de sombrero mexicano, el de alas anchas.
Otro error ortográfico está en la palabra “pannetonne”. Me temo que hay ahí tres errores: la grafía correcta es “panettone”, que viene del dialecto milanés “panatton”.
Acerca del panetón, y ahora dejamos las palabras y entramos en el dulce, hay que precisar que este es genuinamente milanés. El que hacen los genoveses se llama “pandolce”. Y el que hacen los veroneses se llama “pandoro”.
Felicitaciones al “rincón del castellano” (“complimenti” se diría en italiano… ¡A que no saben que “complimenti” es un viejo españolismo del italiano!).
Gabriel Valle

Estimado Gabriel:

Muchas gracias por escribirnos y por su valioso aporte. Ya hicimos las correcciones correspondientes.

Saludos cordiales,

Castellano Actual

Muchas gracias, Carlos, por la información de primera mano que nos ofrece. La receta, sin duda, es un aporte valioso para la historia de la cocina peruana.
Saludos cordiales,
Shirley Cortez

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