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Castellano Actual

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Esta es una bitácora creada por un grupo de docentes del área de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura, expertos en temas relacionados con la gramática, literatura y ortografía castellana.

Buscamos que este espacio permita actualizar continuamente nuestros conocimientos lingüísticos, establecer un diálogo frecuente con nuestros lectores y favorecer el intercambio de información. Para ello, ofrecemos variados artículos, la recomendación del día y estamos dispuestos a resolver cualquier duda que tengan.
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¿Cuál es el género de las cosas?

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Cosa. (del latín causa). f. Todo lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, natural o artificial, real o abstracta. 2. Objeto inanimado, por oposición a ser viviente (DRAE: 2001).

Por esta definición podemos englobar a términos como lunes, carbón o puente. El hecho de que se diga "el lunes" y no *la lunes, "el puente" y no *la puente, -por más que hasta no hace mucho la Real Academia Española considerara a esta palabra como independiente-, indica que el género va más allá del sexo, pues afecta a los seres inanimados. Las palabras con que designamos a los seres animados no suelen ofrecer problemas de género, pues queda claro que con el femenino nos referimos al espécimen hembra y con el masculino al macho.

Ahora bien, en el caso de los inanimados, lo que motiva su pertenencia a un género o a otro no puede relacionarse con su sexo, pues carece de él. Es entonces cuando entran a tallar una serie de motivaciones -etimológicas, paradigmáticas y semánticas- que conviene exponer, si bien por medio de ellas no podamos explicar todos los casos.

Así, el género de muchas palabras viene heredado de su origen latino. Fiebre es femenino porque procede de la palabra latina febris, que también lo era; al igual que el masculino dolor, del latín dolor. Esta explicación pierde eficacia en otros casos, pues palabras como lunes o viernes, de género femenino en latín (lunes viene de Lunae, 'el día de la Luna'; viernes, de veneris, 'el día de Venus'), son masculinas al formar parte de un conjunto de términos englobados bajo el nombre de los días de la semana; y al ser la palabra día masculina, todas ellas lo serán, al formar parte del mismo paradigma. Es decir, el género de lunes y viernes -y de los demás días de la semana− depende del género masculino del nombre genérico o hiperónimo (el día). Responden también a este tipo de motivación: las letras del alfabeto, en tanto que la "c" y la "p" adoptan el género femenino de la unidad léxica genérica a la que pertenecen (las letras); los colores: el azul, el amarillo, el fucsia o el violeta.

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Sin embargo, esto no ocurre en otros casos, como en el grupo de las notas musicales, donde do, re, mi y otras son masculinas, mientras que la nota musical es femenina. Por último, quedan las motivaciones semánticas. Todas ellas constituyen en su conjunto un grupo muy variopinto de razones por las que unos sustantivos pueden ser masculinos o femeninos. Nosotros nos referiremos a una en particular, que suele recibir el nombre de género dimensional.

Si bien en el caso de los sustantivos con que nos referimos a los seres animados, es frecuente agruparlos genéricamente en pares para establecer la diferencia de sexo: perro/perra; gato/gata; león/leona; podemos asistir también a la formación de pares de objetos inanimados, como en el caso de bolso/bolsa; jarro/jarra; río/ría, aunque no para indicar el sexo de los objetos, pues no lo tienen, sino para distinguirlos por su tamaño, empleando la forma femenina para designar un objeto más grande, ancho o de mayor volumen que el indicado por la forma masculina. Entendida la ría como la 'penetración que forma el mar en la costa, debida a la sumersión de la parte litoral de una cuenca fluvial de laderas más o menos abruptas' (DRAE, 2001), se comprende que su anchura suele ser mayor que la de un río. Algo parecido ocurre con los nombres de algunos árboles frutales y sus frutos. Hay una tendencia a usar el masculino para el árbol, como en ciruelo, manzano o papayo; reservando el femenino para la fruta, obviamente de menor tamaño, y con un género quizás adoptado del hiperónimo "fruta", que las contiene: ciruela, manzana y papaya. No obstante, a veces lo femenino puede servir para designar la variante menor en tamaño, como en barca, frente a barco.

Como vemos, una vez más, la lengua nos demuestra su naturaleza convencional y arbitraria, y aquello con que damos luz a un problema lingüístico oscurece cualquier otro, lo cual, más que entristecernos, debe maravillarnos, pues pese a todo, no hay mejor vehículo de comunicación, instrumento para llegar al consenso entre las personas o medio de expresarnos que él, o ella, o como quieran decirlo.

 

Crisanto Pérez Esáin

 

Crisanto Pérez Esáin es doctor en Literatura Hispánica y Teoría Literaria por la Universidad de Navarra (España). Es profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Piura desde el año 1999.

Ha publicado, entre otras cosas, Los trazos en el espejo: identidad y escritura en la narrativa de Julio Ramón Ribeyro, Pamplona (España): Editorial de la Universidad de Navarra-EUNSA, 2005; y  La narrativa de Julio Ramón Ribeyro: una guía de lectura, en autoría compartida con Javier de Navascués (Universidad de Navarra), Madrid: Cenlit.

 

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