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Castellano Actual

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Esta es una bitácora creada por un grupo de docentes del área de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura, expertos en temas relacionados con la gramática, literatura y ortografía castellana.

Buscamos que este espacio permita actualizar continuamente nuestros conocimientos lingüísticos, establecer un diálogo frecuente con nuestros lectores y favorecer el intercambio de información. Para ello, ofrecemos variados artículos, la recomendación del día y estamos dispuestos a resolver cualquier duda que tengan.
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Pienso de que... y Se dio cuenta que...

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Eliana Gonzales Cruz
Universidad de Piura

Suelen ser frecuentes en nuestro medio expresiones tales como Pienso de que el gobierno debería ser más claro en sus explicaciones... Opino de que solo deberían asistir tres o cuatro representantes... Se dio cuenta que no traía dinero para pagar... Me olvidé que tenía que traer el ensayo... Para el común de la gente son oraciones totalmente correctas; pero, ¿es así?

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¿Qué es la ortorexia?

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Es un neologismo, es decir, una palabra nueva creada a partir del prefijo orto- que significa 'recto' o 'correcto' y del sustantivo orexia 'apetito, deseo'. Si bien literalmente podría entenderse como 'apetito correcto', la palabra es un derivado de anorexia 'pérdida anormal del apetito'; y, por tanto, médicamente alude al trastorno o síndrome alimentario de solo ingerir comida que el paciente cree o consideraba saludable, esto es, la obsesión por la comida sana: Las personas que padecen ortorexia sufren de desnutrición, piensan que los productos con aditivos alimentarios son peligrosos y algunas mueren por inanición.

¡Qué rico maracuyá!

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Maracuyá es un sustantivo masculino que proviene del  portugués maracujá, y este del tupímboruku'ya y se define como 'fruto comestible de la pasionaria, redondeado y de color amarillo o púrpura, y muy apreciado en alimentación' (DLE, 2014).

No obstante hay cierta tendencia a usarlo como femenino y es común encontrar formas tales como:¡Qué rica la maracuyá!, Esta maracuyá está muy madura, La maracuyá es barata en verano; hay que recordar que maracuyá (fruto) es de género masculino, por tanto, la concordancia con otras palabras (artículos, determinantes, adjetivos) debe darse en el mismo género: ¡Qué rico el maracuyá!, Este maracuyá está muy maduro, El maracuyá es barato en verano.

Su plural es maracuyásLicúa todos los maracuyás.

Cabe mencionar que el Diccionario de americanismos (2010: en línea) recoge maracuyá como sustantivo femenino usado en Honduras, Cuba, Nicaragua y Chile para referirse a la 'planta trepadora de hasta 40 m de longitud, de tallo cuadrangular, hojas alternas, aovadas, flores blancas con bandas transversales rojizas y moradas, y fruto en forma de baya; tiene diversas aplicaciones en la medicina tradicional".


Rosaura a las diez, de Marco Denevi

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Los inquilinos de la casa de huéspedes "La Madrileña" descubren con sorpresa los apasionados amores del tímido pintor Camilo Canegato con Rosaura, una muchacha de familia acomodada. La oposición de esta al noviazgo obliga a la joven a refugiarse en la pensión y casarse semiclandestinamente con Camilo. La primera noticia de la luna de miel llega esa misma noche: el asesinato de Rosaura.

De cómo una historia que parece folletín romántico se va tornando en una trama de misterio y crimen, los primeros en darse cuenta son algunos de sus personajes. Y eso que se les escapa, porque no son lectores, algunos rasgos peculiares, como que la novela Rosaura a las diez (1955), del escritor argentino Marco Denevi, se trata de una narración policial sin detective, o que delega tal función en el lector. La acumulación de testimonios, por parte de un inspector que apenas interviene, conduce a la solución al igual que sostiene la intriga por medio de las contradicciones: cada declaración despeja incógnitas de la anterior, pero plantea a su vez nuevos enigmas.

De esta manera, cada capítulo de los cinco que componen la novela cambia de perspectiva. Cada una ofrece una interpretación de los acontecimientos desde su propia personalidad. Introduce el caso la cáustica y locuaz señora Milagros, propietaria de "La Madrileña", tan dominante como maternal, en cuyo relato el observador "coro" sus tres hijas deja caer los primeros elementos de intriga. Hablan -o escriben- a  continuación los principales implicados del caso, además de la señorita Eufrasia, que a falta de sagacidad criminológica es una típica chismosa, y el pedante y envidioso estudiante Réguel. Perspectivas distintas, conciencias y autoconciencias distintas. También distintas voces y formas de discurso: de la declaración trufada de españolismos de doña Milagros a la de Réguel y su jerga seudocientífica; del diálogo directo a la transcripción en tercera persona, del informe forense la carta escrita en el lunfardo de los arrabales porteños.

De aquí no solo podemos extraer una lección de esa maestría, que esperamos de todo escritor policiaco, para contar una historia desde el punto de vista de la ignorancia o la sospecha. También se deriva un reflejo de la condición multifacética de la realidad: nadie es lo que parece, o solo lo que parece. O nadie es solo lo que es, sino también lo que quiere o finge ser, unas pocas veces por el mismo poder de la fabulación pero más aún por mantener ante el crédulo entorno la validez de la ficción (o la mentira). Riqueza humana que hace de Rosaura a las diez un libro digno de relecturas una vez resuelto el necesario enigma de partida: ¿quién mató a Rosaura, y por qué?

Manuel Prendes
Universidad de Piura

Cosa de señoritas

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Para el tratamiento a las mujeres, en español existen alternativas como señorita o señora. En origen, señorita, derivado de señora hacía referencia a la 'hija de los señores', o sea, los patrones, los amos o de alguien importante; es decir, era una marca de estrato social, como se refleja en la novela de Ciro Alegría, El mundo es ancho y ajeno (1941): «Un día subió el caporal (...) a llevarse a la que ahora era mujer de Doroteo Quispe, es decir, a la Paula: la señorita hija del hacendado iba a establecerse a la capital de la provincia y necesitaba una sirvienta». La diferencia social entre "la Paula" (que va para sirvienta) y "la señorita" se marca lingüísticamente con la anteposición del artículo al nombre propio, lo que contraviene la norma culta y refleja, además, el habla popular.

Aunque las diferencias sociales siguen vigentes en Perú, actualmente señorita se opone a señora, básicamente, en dos aspectos: en la edad y el estado civil. Esto es, señorita se refiere o bien a la mujer joven (que ha dejado ser una niña) o a la mujer adulta, o bien a la mujer soltera (que la diferencia de la casada). De ahí que algunas mujeres se sientan ofendidas porque alguien las llame señora, pues reflejaría que tal persona considera que no son suficientemente jóvenes para ser consideradas señoritas o quienes exijan el señorita en defensa de su soltería.

Pero también señorita es una fórmula de cortesía, de enorme vigencia en español, con la que dirigirse a una mujer desconocida: una secretaria, una cajera. La elección de señorita, en lugar de señora (aunque la destinataria no sea una jovencita), funciona como muestra de cortesía verbal que salvaguarda la imagen del emisor (lo presenta como alguien respetuoso y cortés) y, por qué no, sería una manera de caerle en gracia, sobre todo si de esta depende alguna transacción. No obstante, en España, ha desaparecido como tratamiento formal en la administración, para evitar diferencias de trato con respecto al estado civil.

Asimismo, aunque en ardua competencia con el anglicismo miss, se usa señorita para referirse a la profesora, como bien recoge Bryce en Un mundo para Julius: «Dice que (...) le va escribir a la tía Susana porque ella tiene la dirección de la señorita Julia para que la señorita Julia vaya a darte clases a la casa», o Ribeyro en su cuento La señorita Fabiola: «Yo aprendí el abecedario en casa, con mamá, (...), pero quien realmente me enseñó a leer y escribir fue la señorita Fabiola, la primera maestra que tuve cuando entré al colegio».

No obstante, de un tiempo a esta parte la presencia del escolar miss, ha llegado a las aulas universitarias, donde erradicarlo es una batalla que pocos logran ganar.

También se hace referencia con señorita a la que se comporta recatadamente: «Mi hija es una señorita de su casa» o a la que se comporta educadamente, como una dama: «Tu hija es toda una señorita» y, aunque ya cada vez menos, a la mujer virgen: «La devolvieron porque ya no era señorita».

Cabe notar que en la mayor parte de los casos en español también existe un equivalente masculino: señor, para el que está casado, y al que no lo está, si bien no se le dice señorito, se le llama joven, palabra que también sirve para referirse al hombre que ha dejado de ser niño, pero que aún no ha entrado en la adultez. Igual se dice del hombre educado o refinado: «Es todo un señor». Sin embargo, del hombre no se diría: «Mi hijo es un joven de su casa» ni «Lo devolvieron porque ya no era señorito», precisamente porque la lengua refleja que en nuestra sociedad hispana no son rasgos esperados en el hombre.

Las palabras que se usan y las que se dejan de usar en una lengua se vuelven, entonces, ventanas que permiten observar los intereses, conflictos modas, influencias, vaivenes y cambios de la sociedad que las emplea. A través de señorita, se muestra una sociedad latinoamericana donde siguen vigentes las diferencias de clase, la cortesía ante los desconocidos, la importancia del estado civil y la conducta social (el temor al qué dirán), así como también el hecho de que es una sociedad que ha sido (y sigue siendo), predominantemente, "machista" (en oposición a "matriarcal").  Ahora bien, ante la evidente pregunta de si el español es un idioma machista, la respuesta, desde un punto de vista lingüístico, es clara: son los hablantes los que hacen las lenguas y no las lenguas las que se imponen a los hablantes.

Abreviaturas en fórmulas de tratamiento

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Las abreviaturas de las fórmulas de tratamientos deben escribirse con mayúscula inicial, aun cuando las palabras a las que corresponden, por ser adjetivos o nombres comunes, se escriben con minúscula: Ud., U., V. y Vd. (usted); Sr. (señor); Sra., Sr.ª y S.ª (señora); S.ª (señoría); Em.ª  (eminencia); Exc.ª (excelencia); Excmo. (excelentísimo); Excma. (excelentísima); M. (majestad); Mons. (monseñor); Rdo., Rev., Rvd., Rvdo. y R. (reverendo); I., Il. y Iltre. (ilustre); Ilmo. (ilustrísimo); Ilma. (ilustrísima); Lcdo. y Ldo. (licenciado); Lcda. y Lda. (licenciada); Dr. (doctor); Dra. y Dr.ª (doctora); Mgtr. y Mtr. (magíster); D. (don); Dña. y D.ª (doña); Fr. (fray); S. y Sto. (santo); Sta. (santa); S. E. (su excelencia); S. M. (su majestad); S. S. (su santidad); etcétera.

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Fórmulas de tratamiento

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Son apelativos que empleamos para referirnos a una persona por cortesía o por respeto a su cargo, dignidad, jerarquía o título académico: usted, señor, señora, señoría, excelencia, majestad, monseñor, reverendo, ilustrísimo, ilustrísima, licenciado, licenciada, magíster, doctor, doctora, don, doña, fray, sor, etcétera.

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Razas de animales

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Las palabras sustantivas o adjetivas que se emplean para designar las razas o variedades de animales deben escribirse con minúscula inicial, así procedan de otras lenguas y se hayan adaptado o no al español: perro chihuahua, terranova, mastín español, mastín napolitano, pastor belga, pastor alemán, pekinés o pequinés, dóberman, collie, bulldog, rottweiler, yorkshire terrier o yorkie, gato siamés, gato persa, caballo frisón, caballo de paso peruano, poni o pony, vaca pasiega, vaca tudanca, etcétera.

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Antes de terminar el año de Santa Teresa

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Crisanto Pérez Esain
Universidad de Piura

Que el 28 de marzo de este año se cumplieran los quinientos años de su nacimiento resulta motivo más que suficiente para recordarla, teniendo en cuenta la grandeza de su obra, no solo por los temas tratados -el amoroso encuentro místico con Dios-, sino también por la riqueza expresiva con que lo hizo.

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